El recorrido fue inolvidable. El día, histórico. El recuerdo, imborrable. El final, digno.
Para explicar el día de hoy se podía desmenuzar de principio a fin. Desde el primer minuto tras la medianoche de ayer hasta este mismo instante en el que se escriben las palabras y el estadio aún retumba en silencio.
La ciudad sintió el partido como algo más que fútbol, al igual que andó el camino como un trayecto en el que había que dejar huella. Y vaya si se ha dejado. Se engalanaron las calles, las conversaciones eran capitalizadas por su Alba y la localidad acompañaba en cada minuto.
Toda esa sensación a lo largo del día se hizo palpable a las 19h cuando el equipo llegaba al estadio, con un recibimiento cargado, emocionante, con un profundo significado.
El mismo que tuvo el aliento durante el calentamiento, también en el himno atronando o un mosaico precioso que sirvió para iniciar el partido de la mejor forma.
Con las emociones a flor de piel, el Alba fue con todo a cada acción, a cada lance. Aguantó estoico las acometidas rivales, que fueron muchas y muy intensas e intentó progresar cuando veía opción. Luchó, bregó, se esforzó e hizo sentir orgullo a los suyos, más de 16700 almas.
El Alba estuvo serio y firme pero en el minuto 39, el Barcelona robó bien en campo rival y culminó mejor mediante Yamal, que cruzó un atinado disparo.
La segunda parte también fue vibrante. El Albacete no se daba por vencido y seguía mirando al partido con sangre en los ojos. Y mantuvo el nervio también con 0-2 en contra. Y es que en el minuto 56 Araujo cabeceó un saque de esquina para doblar la ventaja.
La afición respondió al golpe redoblando el ánimo y demostrando aún más orgullo. Y el Albacete estuvo a la altura de la situación.
Corrió, peleó y miró a puerta, con gol anulado por fuera de juego mediante. Y en el minuto 85, perforó las redes. Javi Moreno cabeceó de forma tan abrupta como magistral un centro lateral y acercó a los suyos. Además, el Alba tuvo ocasiones antes del pitido final, pero la suerte le fue esquiva.
Así concluyó un encuentro que refrenda el buen momento del equipo y cierra, sin comer perdices pero con una sonrisa, una historia de cuento.

