Podríamos ponernos estupendos, pletóricos, pedantes en la escritura. Porque este Alba es así, da pie a la lírica, a la narrativa al relato. Pero lo de hoy ha sido tan corajudo que ni siquiera hace falta.
El Albacete ganó a un equipo que hasta hoy había ganado seis partidos seguidos. Tal que así. Sin hipérboles. 18 puntos de 18 llevaba el cuadro andaluz, que además se veía colmo local. Pero el albacete vio a más de un centenar de aficionados en la grada visitante. Un viernes para ver a un equipo que no se jugaba palabras mayúsculas. Pero esta familia, con todo, siempre escribe con buena letra.
Y los dos titulares de la noche los dejó Jefté en la primera parte, en un minuto, en la portería donde estaban los locos albacetistas.
Tras un inicio enérgico del cuadro local, el Alba se afianzó, se hizo fuerte y miró a la meta local. Y tras algún acercamiento, la encontró en el minuto 37. Apareció Jefté para cabecear de manera rotunda un buen centro desde la derecha. Y el ’10’ juntó a sus colegas, se fue a celebrarlo con los suyos.
Sin tiempo casi de ver repeticiones, Jefté volvió a aparecer. En el 39 doblo la ventaja con un movimiento en el área de delantero puro, lo que es. Decimoséptimo tanto del canario, que para sumar épica a un acto brillante, se tuvo que sobreponer a un fuerte golpe en la zona lumbar que le obligó a salir en la segunda mitad.
El segundo tiempo empezó con revés. Guardiola redujo distancias a los cinco minutos de la reanudación y caldeó anunció más el partido, ya de por sí frenético.
El equipo manchego dio un cllinic de aguantar una ventaja, enormes intervenciones de Mariño, y selló así el tercer triunfo consecutivo.

