No es lo mismo perder que dejar de ganar pero a veces se parecen y hoy son términos calcados. El Albacete tiene un punto más que a las 20:29h pero la cara larga porque a, escasos segundos del final, sumaba tres.
En un partido intenso, con momentos de dominio para ambas escuadras y llegadas claras en las dos porterías, los puntos se repartieron, probablemente de manera justa si uno mira el cuadro completo pero con el agrio mirar de esa última pincelada.
El choque comenzó con una clara ocasión local. Tras una buena circulación del equipo, Alex Rubio culminó con una acción dentro del área que no acabó en gol por muy poco.
Con el paso del tiempo, el cuadro indálico fue creciendo, con llegadas y jugadas en campo rival. Buenas acciones defensivas de la zaga y notables intervenciones de Raúl Lizoain cuando la bola iba entre palos.
La segunda parte tuvo un ritmo distinto. El Albacete se fajó y se aproximó muchas veces a los dominios rivales. Y a los diez minutos de la reanudación, el gol blanco. Desde el flanco izquiuerdo se puso el cuero en el área almeriense y tras un gran esfuerzo de Alex Rubio, inasequible al desaliento durante todo el choque, el balón acabó en las redes por un toque de la zaga rojiblanca.
Hecho lo más difícil, el Alba redobló esfuerzos, aupado por más de doce mil almas, para mantener su renta ante un equipo que venía a la capital albaceteña con cuatro victorias en otros tantos partidos. Casi dobló la ventaja en alguna llegada pero en, literalmente, la penúltima jugada del partido, en el minuto 95, Arribas cazó un centro de Morci para empatar la contienda.
Así quedó una noche con tal microclima que bajó decenas de grados en pocos segundos.

