La última vez que el Albacete jugó en Andorra, en nuestra provincia se celebraba el Viña Rock. Como hoy, como ahora. En esa ocasión necesitaba sumar para dar un paso de gigante hacia el objetivo y lo hizo por 0-1 tras un gol en los momentos finales del segundo acto. Porque la vida es un círculo y el Alba sabe girar sobre los mismos con diligencia.
Y el mérito del triunfo de hoy se ve en los números del rival: el FC Andorra llegaba tras cuatro triunfos seguidos,16 de los últimos 18 puntos sumados, 19 goles en seis partidos y tres puertas a cero seguidas. Pues hoy la puerta que quedo intacta estaba pintado de blanco albacetista.
Todo ello en un partido que no fue un lechado de virtudes ni ocasiones. Especialmente en la primera mitad, con ambos equipos muy parejos y en la que la mejor ocasión fue albaceteña. Tras varias llegadas, algunas con colmillo, del Andorra, a la media hora de partido el Albacete Balompié armó una virtuosa contra, dirigida por Alex Rubio. El ’19’ se adentró en el área y la puso para la testa que Jefté, cuyo cabezazo se fue por muy poco.
La segunda mitad fue algo distinta, con un ritmo más pero sin grandes alardes. Ambos equipos movieron el banquillo y cambiaron el esquema en busca de ese hueco, de ese momento y de esa situación que pudiese desequilibrar la balanza. Pasaba el tiempo y nada de eso aparecía hasta que en el minuto 86, el Albacete lo encontró a base de perseverar.
Una intercepción en campo rival, conducida después por Fran Gámez, originó un ataque al área andorrana en la que el propio Gámez asistió para su homólogo en banda izquierda. JoGo apareció desde atrás y cruzó un disparo que acabó en las redes locales.
Júbilo que sirvió para sellar los 50 puntos y quedarse muy, pero que muy, cerca de lograr el objetivo.

