El Belmonte se merecía una tarde así. Una hinchada que ha llenado con cinco cifras y casi trece mil almas el estadio se merecía una tarde así. El Alba de Joseba se presentaba ante los suyos con la necesidad de ganar y el objetivo de agradar. E hizo ambas cosas. La importante, vencer, y la significativa, alegrar a su sufrida grada.
El Albacete salió convencido, conectado y con las ideas claras. Un equipo valiente que apretaba en el verde tanto como la afición en las butacas. Sabía lo que se jugaba y cómo tenía que jugar para lograrlo. Desde el mismo inicio luchó por cada bola, corrió en cada salida de balón eldense y buscó la meta con fe cuando controló el cuero.
Varias fueron las llegadas, con el centro del campo conectando muy bien con las bandas y estas con el ataque. El tono era fluido y la tarde invitaba a estar enérgico.
Y con esa energía se adelantó en el minuto 20. San Bartolomé se hizo fuerte, se movió hábilmente y enganchó con un golpetazo que acabó en las redes rivales. Gran forma de empezar a cimentar el triunfo. El partido prosiguió sin modificarse su sino. El cuadro blanco, ya espoleado por las veces y veces que había marcado primero en el Belmonte y luego acabó de vacío, siguió compitiendo con sangre en los ojos y fuego en las entrañas.
Así, justo antes del descanso VV Da Silva, inasequible al desaliento, se fue en velocidad y la puso en el punto en el que se definen los partidos. Ahí estaba Higinio, delantero de los de toda la vida y que tiene su idilio con el Belmonte, al que volvía de titular. El ‘12’ definió con la maestría y elegancia que le caracteriza y dobló nuestra ventaja.
La segunda parte fue intensa, con fuerzas igualadas y ocasiones en ambas porterías. Mariño y una zaga muy convincente frenaron todas las acometidas y el equipo, en la otra punta, casi anotó el tercero. Pero así acabó la tarde, la que merecía esta bendita afición que ve la luz de un equipo con energías renovadas.

