Es duro de digerir. Por más estómago que se tenga después de tantos reveses. Es imposible de comprender, por más que se piense en ello. El Alba cayó en la última jugada del partido, no es un recurso literario, literalmente la última acción antes del final. A segundos de cumplirse el tiempo de descuento, a nada de acabar.
Y no fue injusto ya por el momento sino por el contexto. De Gijón se fue de vacío un equipo que hizo méritos para sumar, que demostró en una racha tormentosa tener personalidad y temple de sobra para afrontar la situación. Que supo sobreponerse al tanto rival y a la necesidad actual. Con todo eso empató, pese a todo ello acabó perdiendo.
El duelo empezó igualado, con un Alba intenso que presionaba la salida rival en campo asturiano para acercarse a las ocasiones. Sin mucho acontecido, en el minuto 17 el Real Sporting creó una brillante combinación que culminó Sarco con un certero disparo cruzado a la cornisa de la escuadra del Albacete.
El equipo manchego volvía a verse a remolque y respondió rodando con fuerza sobre el verde rojiblanco. Se fue acercando al área gijonesa con ímpetu y personalidad aunque sin tino. El Alba demostraba mejoría, brotes verdes a juego con su equipación.
En la segunda mitad, el cuadro visitante se fue convenciendo de sus posibilidades y llegando. El banquillo se movió para sacar más mordiente y el equipo empujó la acción sobre el arco rival. Y en el 86 llegó el empate. De un central reconvertido en certero delantero. Valverde la pudo perfecta desde su banda para que Vallejo cabecease con el alma. Tablas hasta esa dichosa última acción, en la que Gelabert anotó para desequilibrar la balanza.
Jarro de agua fría en una lluviosa tarde que solo servirá para espolear aún más a un equipo que ahora afronta dos duelos, cada uno tan vital como el anterior, en el Carlos Belmonte.

