El Albacete llegó ayer a Oviedo a ritmo de gaita. Recibimiento a la altura de la elegancia del hijo pródigo, Riki Rodríguez, que vuelve a casa convertido en un pilar de su equipo. Y lo hace junto a un equipo que, derrumbado el puente colgante de los partidos a domicilio, quiere seguir construyendo su camino a partir de sumar dentro y fuera.
Y vaya viaje para hacerlo. Desde las 21h, rinde visita a un estadio mítico como el Carlos Tartiere para jugar ante el Real Oviedo para abrir la 11º jornada de LaLiga Hypermotion.
El cuadro asturiano, con 10 puntos en el casillero, ha encadenado tres partidos sumando y lleva siete de los últimos nueve puntos en liza. Con cambio de entrenador mediante, y Luis Carrión sentado en su banquillo, la escuadra azul vive un nuevo comienzo, basado en una idea de juego distinta y que a buen seguro complicará al Albacete.
Porque como bien dijo Rubén Albés, ambos equipos buscarán atacar para imponerse, y en eso el cuadro manchego es especialista “Espero un partido abierto, con dos equipos que quieren hacer goles, atacar”, afirmó nuestro entrenador. Por lo que el puente se abre para ver a dos equipos valientes y que siempre que controlen el balón, lo llevarán hacia la meta rival.
El Albacete, experto en este tipo de partidos, quiere dejar atrás la última derrota en casa trayendo de vuelta la receta de los triunfos obtenidos este curso: pasión, valentía, carácter y orgullo. Con 14 puntos y la confirmación cada semana de que la competitividad no se negocia y que ante ningún equipo ni situación se hace pequeño, el Albacete quiere seguir creciendo con un test a domicilio que, de cruzarlo con éxito, como un buen puente, le permitiría atajar hacia el objetivo.
Con el regreso de Ros y Agus Medina, pero con las ausencias de Datković, Pedro Benito y Maestre, el Albacete quiere vivir un día festivo con el centenar de aficionados que se han trasladado a Oviedo para hacer de puente entre su equipo y el triunfo.

