Durante la semana, en la preciosa ciudad de Albacete, hizo un tiempo de perros. Lluvia, frío, viento huracanado del que golpea cada rincón. Una postal invernal propia de estas fechas pero impropia del estado de ánimo de este equipo, de su afición y por lo tanto de esta bendita localidad.
Pero en el Alba últimamente todo funciona de forma tan coral y armónica que al a hora de partido, se abrió el cielo, salió el sol, el viento amainó y la acción empezó. Y más de trece mil almas lo disfrutaron en un Belmonte que apretó como las grandes tardes, lo que al fin y al cabo era lo de hoy.
Porque el Alba cosechó su tercer triunfo en LALIGA consecutivo, cuarto si se cuenta la mágica noche copera. Y lo hizo dejando la puerta a cero por cuarta jornada liguera seguida. Los datos respaldando un brillante enero que el Alba cerró con la alegría que merecía un mes para el recuerdo.
Desde la previa, con el himno siendo cantado por miles de voces. Y desde el inicio, con un comienzo potente, aguerrido y apabullante. También atinado. Y es que no habían pasado más de 300 segundos cuando JoGo avanzó la bola, Valverde la dejó circular con un hábil movimiento entre las piernas para que Ale pusiera un centro con música y Gámez asistiera brillantemente.
¿Y quién estaba para culminar? Pues el centenario. Agus Medina cabeceó el cuero y abrió el marcador. Tarde de película en el recinto manchego que prosiguió con fuerza y ánimo. El Alba estaba convencido de sus posibilidades.
Robaba, luchaba, llegaba, tocaba, circulaba. Todo lo que bueno que acabe en -aba lo hacía este Alba que tuvo ocasiones para irse con más ventaja a vestuarios. Jefté, Valverde, Agus o Ale Meléndez estuvieron cerca pero así se quedó el electrónico.
La segunda mitad empezó con fuerzas igualadas. El Real Zaragoza ganó terreno y se presentó en las inmediaciones de Mariño, con varias oportunidades notables pero con una especialmente. En el minuto 54, el guardameta sacó su talento para despejar un mano a mano peligrosísimo ante Bakis. Porque las puertas a cero no se hacen solas, hay que hacerlas.
Como el sol aún hacía acto de presencia, el Alba brilló poco después. Tras una actuación de valor gol, una gran acción de gol. En el 56, Valverde, notable desde su flanco, asistió a Jefté para que el ’10’ lo hiciera de ídem. Según le llegó la bola, colocó el interior de la bota y para adentro. Noveno gol oficial del atacante canario.
De ahí al final poco ocurrió, o al menos no tan reseñable como lo contado anteriormente, y el partido acabó con éxtasis de felicidad y dando paso al siguiente reto. Porque a este equipo, a esta afición, a esta ciudad y a sus habitantes les va la marcha.

